Excerpts from the Book 'Las Solteronas':
... veteranas de que habla sin cesar mi primo el comandante Harmel. -İFelicitarte.-articul? por fin la abuela, bes?ndome con todo su coraz?n, mientras ...
... Estado. De aqu? el matrimonio obligatorio. -Ten?an mucha raz?n. -Los indios, abuela, son tambi?n, seg?n t?, gente razonable. A los ojos del legislador ...
... Apr?nculo, la Catedral, y San Gengulfo, la parroquia secundaria. La guerra es casi continua entre aprunculinos y gengulfianos, y los primeros desde?an ...
... eterno. El desprecio y la abyecci?n en que viven las mujeres sin marido le dan desde luego en el mundo una muestra de lo que tendr? que soportar ...
... contentas.-Tiene usted raz?n. La solterona de otro tiempo, aquella caricatura f?sica de la mujer, ha dejado, casi, de existir. Ya no se encuentran aquellos ...
... m? y me dijo con su gracia acostumbrada:. -Hasta la vista, solterona. -Adi?s y gracias-repitieron en coro Genoveva y Petra. -Adi?s, hasta la ...
... de costumbre, entr? en el sal?n bajo la poco ben?vola mirada de Celestina, que sospecha evidentemente algo. Habitualmente encuentro muy bien al se?or ...
... el mundo posee en el pecho una v?scera de ese nombre. -İSe le conocen sentimientos generosos. -Diablo, diablo. Eso no lo s? lo supongo. -İHa ...
... est? en todas partes-respondi? la abuela,-y ofenderle aqu? o all? siempre es ofenderle. Despu?s, cambiando de conversaci?n, la abuela, muy alegre, ...
... la amable vieja. -Menos mal-dej? escapar Francisca por lo bajo. -İUsted ha tenido pretensiones.-pregunt? alegremente la de Aimont tratando de ...
... Ya no hay pretendiente, ni estudio, ni cuidado, ni veo en el se?or Desmaroy m?s que un aficionado a antig?edades. Mi buena querida abuela est? encantada ...
... cuando aquel sac? una carta de su escritorio y se la dio sin m?s explicaciones. Copio textualmente esta obra maestra que la abuela me ha tra?do como ...
... el gran arte de la vida. -La falta de salud-dijo la Fontane, llevando la conversaci?n a su punto de partida,-asusta tambi?n a muchos pretendientes. ...
... su coraz?n. su inteligencia. -Su coraz?n, abuela, parece muy vasto a juzgar por la extensi?n y el n?mero de las obras a que se dedica. Su inteligencia ...
... exalta los sentimientos ego?stas en el hombre. ?Tengo bastante para m?-se dice,-pero no para tres o cuatro, si tengo hijos.? Esta tendencia, por otra ...
... creo-respondi? la de Ribert-ese muchacho es absolutamente sincero. Ya conoce usted las pretensiones de las mujeres ricas, que jam?s se casan con ...
... la hora del desenga?o lleg? r?pidamente. ?Ante mis ojos espantados desfilaron cifras amenazadoras:. ?200 pesos para los gastos de una criada. ...
... menos las cartas que recibe la de Ribert, que no comprende mi repentina indiferencia. Hago vanos esfuerzos para recobrar mi ardor, pero no lo consigo. Genoveva ...
... el pensamiento de la abuela. -Tu incomprensible gusto. Para ti no hab?a m?s que las solteronas. S?lo ellas eran buenas y perfectas. -No, abuela. ...
... calma:. -İPor qu? me has hecho traici?n. -?Traici?n. que palabra. -Es la justa. -Pues bien, s?, te he hecho traici?n, pero al principio, cr?eme, ...